La dificultad de decidir.
Ir como pollo sin cabeza es algo que me dijo una persona una vez y me molestó, pero bueno, supongo que sí, que era así, y ahora porque me «controlo».
Hay momentos que quiero irme a no sé dónde y otros plantar un huevo en un lugar. Igual me pasa con los proyectos que tengo: no tengo uno, tengo mil y uno. Es guay pero a la vez una mierda. Antes no me atrevía a nada, por miedos y todas esas cositas de la vida. Ahora he decidido que voy a hacer todo lo que nunca me atreví.
Tengo momentos que digo: «¿Qué hago? ¿Quién va a querer esto que hago?». Otras veces siento que todo lo que hago me encanta y es precioso, me veo «triunfando». Esta es la parte más difícil, o tal vez fue empezar la más difícil, no lo sé. Lo que sé es que ahora mismo, en el proceso de creación, de buscar, de enseñar…, tengo momentos en que la impostora que llevo dentro aflora, y entre eso y la alergia, las lágrimas suelen caer de vez en cuando.
En fin, lo voy a conseguir, lo sé.